sábado, 9 de mayo de 2009

Carta

Estimados alumnos:

Nuestra escuela ha perdido a un gran ser humano, el maestro Calleja. Durante generaciones, este personaje ha sido alguien a quien los alumnos intentan sacar cada semestre. Todos los años he escuchado eufemismos como: ‘hay que jubilar al maestro’, porque son muy pocos los dispuestos a trabajar de una manera distinta.
Digo distinta, porque al ver el material escrito a máquina que él elaboró para que aprendieras no sólo historia, sino que trabajaras también en tus actitudes, autoconocimiento y autoestima, me doy cuenta del ‘Gran Maestro’ que perdimos.
Este fue su último ciclo escolar con nosotros, y debes saber que tú fuiste uno de los últimos privilegiados al conocerle y ser heredero de su sabiduría.
Quisiera decirte cosas agradables, como recordarte que gracias a tus padres vienes a esta escuela y que debes corresponder a ese amor que ellos te tienen, cumpliendo con una sola obligación que no tiene mucha ciencia: ser un buen hijo.
Ser buen hijo implica estudiar. La diferencia entre un ser humano y otro, no es saber mucho o poco, sino aplicar lo poco que sabemos en beneficio de todos.
Supongo que has visto en la televisión, las críticas que se hacen a los políticos corruptos o incompetentes, las noticias de cuantos secuestros ocurren en el país, o que a falta de un empleo mejor pagado, la gente se va a Estados Unidos, o que al ver tanta riqueza en unos cuantos, se dedican a la delincuencia organizada, ¿y sabes por qué ocurre todo esto? Porque la mayoría prefiere no hacer nada, y hacer nada es no estudiar, es no ser consciente de que todos somos uno, es permanecer indiferente al cuidado del otro.
He oído en la radio y he visto en la televisión las campañas de algunos partidos, que insinúan que las escuelas y los profesores somos los ‘chafas’, pero te pregunto ¿los alumnos pueden opinar eso cuando ni siquiera cumplen con las tareas? ¿Cuándo ni siquiera pueden sacar un cinco en un examen? ¿Cuándo ni siquiera atienden a la clase porque escuchan música en el ipod o contestan al celular?, ¿Cuando critican algo que les parece está mal, pero no intentan enmendarlo? ¿Cuándo creen que el maestro debe ser como ellos quieren que sea? ¿Cuándo no tienen la mínima intención de adaptarse a la dinámica estricta de trabajo de un maestro que exige, porque sabe que sus alumnos son capaces de superar sus expectativas?
Sé que aprender historia y conocer las atrocidades que mucha gente ha cometido en contra de nuestro país no es nada agradable, pero yo como ciudadana prefiero conocerla para tener plenamente el poder de apagar la televisión, ser libre de pensar, ser, decir y decidir.
Sé que no es fácil. Nada en esta vida es fácil. Sólo los que están dispuestos a someterse a la disciplina constante, a la convivencia armónica con sus semejantes, a no ser tan orgullosos e individualistas, tendrán mayor estabilidad emocional consigo mismos.
Recuerda que todos tenemos problemas, que todos sufrimos en algún momento de nuestras vidas, pero nunca hay que dejar que ellos gobiernen nuestras decisiones, superarlas nos hace más fuertes.
En este escrito te reconozco como alguien importante, como un alumno al que estimo y al que le reafirmo mi amistad y compromiso docente. Por ello, respetaremos la forma de trabajo de tu anterior maestro como homenaje a su labor magisterial, tan distinguida en este recinto. Estoy convencida, que un número en tu calificación no te hará ni mejor, ni peor estudiante; pero te invito a que te esfuerces, a que te arriesgues a hacer mucho mejor las cosas de lo que las haces, a exigirte cada vez más, a ser consciente de tus carencias y debilidades, y a subsanarlas, es así como el hombre evoluciona.
Recuerda que uno de los grandes errores de la juventud es creer ilusamente que las cosas son simples y fáciles, y que se es lo suficientemente listo, para hacerlas cuando se quiera. El problema no es ‘hacerlas’, sino ‘nunca hacerlas’. El no haberse dado la oportunidad de cometer errores hasta en las cosas fáciles y evidentes, es peor que creerse demasiado listo.
Espero que estas palabras y el lazo amistoso que te ofrezco, puedas corresponderlo queriéndote más, siendo un chic@ comprometido con tus estudios; libre de no querer ser como los mal llamados ‘artistas’ o modelos de televisión. Probablemente esos personajes que vemos en la pantalla y en las revistas, nunca cursaron la preparatoria como tú lo haces, y que por eso muchas mujeres decidieron enseñar los senos, el trasero y su rostro bello, porque no tienen otras armas más su belleza física para sobrevivir, y su vocabulario pobre y mal utilizado, es motivo de burla nacional.
Eres privilegiado. Asistes a una escuela, tienes libros, cuadernos y una mente inteligente que te ha permitido llegar a un nivel medio superior.
Te dejo estos humildes pensamientos producto de una preocupación hacia a ti y a tus compañeros, porque no me agrada tener que recordarte qué NO debes hacer, porque tienes las suficiente capacidad para discernir lo bueno de lo malo; de antemano sé que tus padres te han educado correctamente, por eso no quiero darte reprimendas innecesarias para que dejes de comportarte como un simio que grita cuando algo le molesta.
Sólo te pido que de las 24 horas maravillosas que tienes de vida en un día, me dediques una sola, sesenta minutos en los que solicito tu disposición, tu tranquilidad, y tu apertura para aprender, para hacerte dudar y hacerte responder esas dudas.
Recuerda que leer y escribir bien, es la base para el desarrollo del pensamiento lúcido y racional. Todos podemos hacerlo, sólo se requiere de poner un poco más de empeño todos los días. Confío en que tú serás en el futuro una persona más preparada, distinta a los ejemplos que te he citado en esta carta.
La sociedad está enferma y nos toca vacunarnos ante tanta inmundicia con conocimiento y consciencia. Todos los días con una actitud pequeña, podemos comenzar por no ser parte de lo mismo que criticamos y repudiamos.


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